Inversión en energías renovables: ¿tendencia o realidad?

Es innegable: el futuro será de color verde, intentando así paliar las consecuencias negativas sobre el medio ambiente que agudizan la urgente necesidad de potenciar un nuevo modelo social y económico que reduzca de manera considerable la actual dependencia respecto a formas de energía de origen fósil, que cuenta con unos recursos finitos y que el continuo abuso en su consumo por parte de la humanidad conduce a la desaparición pronta e inevitable de las reservas de estos combustibles.

La lucha contra el cambio climático, el afianzamiento del reciclaje y la economía circular, los pasos dados hacia una movilidad sostenible y la muy necesaria transición energética son las cuatro grandes tendencias que mejor ponderan los criterios ESG de sostenibilidad y medioambientales, en el momento de planificar e implementar una estrategia inversora. El cambio de modelo energético está constituido por un extenso abanico de formas de energías renovables, pero de entre todas ellas, dos han adquirido una mayor notoriedad en España: la energía solar y la energía eólica, debido a las condiciones orográficas y climáticas del país, pero tampoco ha de perderse de vista que los avances tecnológicos y una apuesta inversora de décadas han abaratado los costes de las energías solar y eólica. Además, ambas formas de energía renovables son inagotables y eso logra que, una vez amortizada la instalación de los equipos, el gasto caiga y la productividad, en cambio, aumente exponencialmente.

Además, cuentan con el apoyo institucional, y con el fin de que estas tendencias sean adoptadas por los diferentes países europeos, la Comisión Europea presentará diferentes propuestas legislativas, como convertir el Banco Europeo de Inversiones (BEI) en un «Banco Climático» que invertirá un billón de euros hasta 2030 para financiar proyectos sostenibles, la UE ha dejado claro que incorporará las cuestiones medioambientales y su marco del Green Deal en sus planes de recuperación COVID-19. Sin olvidar que uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible por Naciones Unidas, es el de garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos.

“El clima es el tema principal en la agenda política de nuestro tiempo. El banco de la UE ha sido el banco climático de Europa durante muchos años. Hoy ha decidido dar un salto cuántico en su ambición. Dejaremos de financiar los combustibles fósiles y lanzaremos la estrategia de inversión climática más ambiciosa de cualquier institución financiera pública en cualquier lugar” (Presidente del BEI, Werner Hoyer)

Es un hecho que cada vez hay más interés por los fondos y proyectos ESG (cuyo objeto está centrado en activos ambientales, sociales y que favorecen las buenas prácticas en el gobierno de las empresas). Pero no solo podemos ver interés en la renta variable de energías renovables. También lo encontramos cada vez más representado con los bonos verdes que actualmente comprenden menos del 0,1% de la deuda soberana total, pero en continuo crecimiento, según S&P Global. 

Sin lugar a duda, las energías renovables en 2020 se han convertido en una atractiva propuesta de inversión, ya que las inversiones globales en nueva energía renovable han crecido desde algo menos de menos de 50 mil millones de dólares por año en 2004 a alrededor 300 mil millones de dólares por año en 2019 (según datos de la agencia Bloomberg, 2019). Esto supone el triple de inversión que la realizada en combustibles fósiles en 2018 (REN21, 2019).

Fuente: Escuela de Frankfurt-Centro PNUMA / BNEF, 2019

La transformación energética facilita los criterios demandados por la sociedad de sostenibilidad y respeto al medio ambiente. Todos estamos concienciados de la necesidad de cuidar el planeta. 

Este cambio de tendencia se alcanzaría con energías renovables, eficiencia y la infraestructura energética asociada. Para ello se estima que se necesitará una suma acumulada de 110 billones de dólares en el período 2016-2050, alrededor del 20%, es decir, unos 22.5 billones de dólares, serán necesarios para invertir en generación de nueva energía renovable en el periodo. Esto implica una inversión anual en energía renovable de alrededor $662,000 millones, es decir el doble del nivel actual.

En 2020 la industria europea de gestión de activos registró entradas netas por valor de 574.000 millones. Se trata del segundo mejor año de captaciones del sector de toda su historia. Más de la mitad de esos flujos recibidos (290.000 millones o, lo que es lo mismo, el 50,5% del total) fueron directamente a estrategias sostenibles. (Fuente: FundsPeople)

Como conclusión, las energías solar y eólica han superado recientemente un nuevo hito al pasar a ser las tecnologías de generación con mayor atractivo de inversión. A medida que alcanzan la paridad en precios y rendimiento con las fuentes de energía convencionales, demuestran su competitividad gracias a las nuevas tecnologías, y la superación de los obstáculos y los frenos para su implantación. Los costes siguen cayendo y su integración se optimiza con mucha rapidez en un contexto en que las nuevas tecnologías brindan mayor eficiencia y capacidad. 

Entretanto, la demanda de energías renovables aumenta inexorablemente. Las energías solar y eólica se encuentran actualmente muy cerca de cumplir las tres prioridades de los consumidores de energía: fiabilidad, asequibilidad y respeto del medio ambiente. 

Los argumentos para el desarrollo, y por tanto, para la inversión en energías renovables, y todos los sectores que apoyan su desarrollo, nunca habían sido más sólidos. Si oferta y demanda coinciden, ¿Quién les va a llevar la contraria?